En una tarde con aroma a café, La Tacita de Plata sirve hoy la segunda taza de un mismo tema. Si la primera fue sobre una curva —la de un comité que creció como ninguno—, esta es sobre algo distinto. No sobre quién creció. Sobre quién tenía que revisar ese crecimiento. Sobre las manos que, hoja por hoja, debían comprobar que cada adhesión era real.
Es una taza más institucional que la anterior. Menos sobre un nombre y más sobre un sistema. Y por eso, quizás, más incómoda — porque cuando el foco deja de estar en un comité y pasa a estar en el árbitro que lo supervisa, la pregunta ya no es qué hizo un comité. Es si el sistema entero estuvo en condiciones de saberlo.
Como siempre en esta Tacita, no se va a usar la palabra «fraude». No se va a usar «falsificación». No porque sean incómodas, sino porque los números, por sí solos, no las permiten escribir. Lo que sí permiten es poner la operación sobre la mesa, mostrar de dónde sale cada cifra, y señalar con precisión dónde el Tribunal Supremo Electoral no respondió.
El resto lo hace cada quien, con este café que ya empieza a hervir.
Una aclaración antes de servir, porque vale para todo lo que sigue. Los comités de los que vamos a hablar son comités pro-formación, no partidos inscritos. Un comité es una etapa: dos años para reunir las adhesiones que la ley exige antes de poder solicitar la inscripción como partido. No son lo mismo, y aquí no se van a confundir. Lo que está en análisis es la etapa de adhesiones. Nada más. Pero también nada menos.
Dos comités. Cuarenta y siete personas de diferencia.
Empecemos por donde la historia se cuenta sola.
El 4 de febrero de 2026, dos comités pro-formación estaban prácticamente empatados. RETO tenía 2,120 adhesiones. «Raíces» tenía 2,167. Los separaban 47 personas — menos de las que caben en un microbús.
No era casualidad que estuvieran parejos. Los dos se habían inscrito en octubre de 2025, con dos días de diferencia: «Raíces» el 1 de octubre, RETO el 3. El mismo mes, el mismo calendario, la misma ley, el mismo país. Dos puntos de partida casi idénticos.
Tres meses y medio después, el 22 de mayo, ya no se parecían en nada.
RETO había llegado a 7,641 adhesiones. «Raíces», a 32,958. Dos comités que arrancaron prácticamente al mismo tiempo terminaron separados por más de 25 mil afiliaciones.
No es un juicio sobre ninguno de los dos. Es lo que dicen los reportes del propio TSE. Pero pone la pregunta exactamente donde debe estar: dos comités que arrancaron juntos, bajo idénticas reglas, terminaron a una distancia que pide explicación. Y la explicación —si la hay— no está en ellos. Está en el sistema que procesó esa diferencia.
De eso trata esta taza.
Por qué «Raíces» no se queda fuera de la mesa
Antes de seguir, conviene responder una objeción que ya me hicieron en redes, y que es legítima: ¿no sería más objetivo analizar los comités sin incluir a «Raíces»? Dejarlo fuera, para que no parezca que el análisis va contra un comité en particular.
Entiendo la intención. Pero, desde la estadística, haría exactamente lo contrario de lo que busca.
Cuando un dato se desvía marcadamente del resto, el procedimiento correcto no es excluirlo. Es examinarlo. Excluir el caso más extremo precisamente porque es el más extremo equivale a borrar la información más relevante del conjunto — es como estudiar una epidemia y decidir, por prudencia, no mirar al paciente más enfermo.
Y hay una razón adicional, puramente técnica. Varias de las métricas de este análisis son comparativas por naturaleza: el ritmo relativo entre comités, el patrón de aceleración, el tiempo hasta el umbral. Sin un punto de referencia, esos cálculos simplemente no existen.
«Raíces» no aparece aquí porque sea un objetivo. Aparece porque es el dato que la estadística obliga a mirar de frente. Sacarlo no haría el análisis más limpio. Lo haría ciego.
El cronómetro de campo: ocho comités, el mismo reloj
Para comparar el ritmo de adhesión entre comités sin trampas, hay que darles a todos el mismo trato. Y el trato más justo es también el más generoso.
Supongamos que cada comité trabajó ocho horas diarias. Todos los días. Desde el día de su inscripción hasta el corte del 22 de mayo, sin descontar un solo domingo ni un solo feriado. Es un supuesto irreal —nadie afilia los 365 días del año—, pero precisamente por eso sirve: le da a cada comité el máximo de tiempo posible. Si bajo ese escenario los números ya aprietan, en la realidad aprietan más.
Con ese reloj, la pregunta para los ocho comités con más adhesiones del país es una sola: ¿cada cuántos segundos necesitaban registrar a una persona?

La tabla no necesita mucho comentario. Siete de los ocho comités necesitaban entre seis y dieciocho minutos por persona. Transformación Nacional, el más holgado, tenía casi dieciocho minutos para cada adhesión. RETO, catorce y medio.
«Raíces» necesitaba una persona cada tres minutos y veinticuatro segundos.
El segundo más exigido —Revolución— tenía seis minutos cincuenta y uno. Es decir: «Raíces» necesitaba moverse al doble de velocidad que el comité que le seguía, y más de cuatro veces más rápido que RETO, el que arrancó dos días después con casi los mismos números.
Y conviene recordar qué significa «una adhesión» en este conteo. No es un clic. Es una persona física que llega, presenta su documento, firma, deja su huella. Tres minutos y veinticuatro segundos por cada una, ocho horas al día, todos los días, durante meses. Ese es el escenario más favorable. El real es más estrecho.
Seis personas. Un sistema entero.
Hasta aquí hablamos del ritmo en la calle: lo que cada comité tenía que hacer para juntar firmas. Pero hay otro ritmo, menos visible y mucho más importante. El del otro lado del mostrador.
Cada hoja de adhesión que entra al TSE tiene que depurarse. Hay que verificar el documento de identidad, comprobar que existe en el padrón, cotejar la firma, validar la huella, confirmar que la persona no está adherida a otro comité, que no está fallecida, que los datos cuadran. Es trabajo humano. Hoja por hoja. Persona por persona.
¿Quién hace ese trabajo? Se lo pregunté al TSE, por escrito. En su oficio DOP-O-664-2026, el Tribunal respondió con números: el Departamento de Organizaciones Políticas tiene dos personas en recepción y seis en depuración.
Seis personas.
Y esas seis personas no depuran solo a «Raíces». Depuran el flujo de todos los comités del país: cada hoja, de cada comité, pasa por las mismas seis manos. Más adelante veremos que incluso esa cifra podría quedarse corta.
Hagamos la cuenta, tramo por tramo. Con la jornada que el propio TSE declaró en el oficio, si las seis personas dedicaran su día entero, ocho horas, sin pausa ni otro trámite, exclusivamente a depurar adhesiones, ¿cuánto tiempo quedaría por cada hoja? Conté solo los días hábiles, de lunes a viernes, y desconté la Semana Santa completa que el propio Tribunal confirma como semana de asueto.

En el tramo de mayor carga —del 24 de marzo al 24 de abril—, la cuenta deja noventa y dos segundos por adhesión aceptada. Noventa y dos segundos para revisar un documento, cotejar una firma, validar una huella y cruzar los registros de todo el sistema nacional. Es la misma cifra que dejé sobre la mesa en la primera taza, calculada con los mismos parámetros: aquí no cambia ni un segundo.
Pero esos noventa y dos segundos miden solo las hojas que el TSE aceptó. Y antes de aceptarlas, hubo que revisar también las que se rechazaron. Si al menos una de cada cinco hojas se descarta por errores —una tasa de rechazo conservadora del veinte por ciento, baja para cualquier proceso de este tipo—, entonces el número de hojas que de verdad pasaron por esas seis manos es mayor, y el tiempo disponible por cada una baja.
Sobre las hojas realmente presentadas, el margen del tramo pico cae a setenta y cuatro segundos por adhesión.
Setenta y cuatro segundos por hoja. Sin levantar la vista. Sin equivocarse. Una tras otra.
Y hay un detalle más, que conviene decir en voz alta. Esta cuenta asume que las seis personas se dedicaron únicamente a los comités pro-formación. Pero el oficio las ubica en el Departamento de Organizaciones Políticas — y ese departamento, por su propio nombre, no se ocupa solo de comités: también atiende a los partidos políticos ya inscritos, sus padrones y sus trámites. Si esas seis personas tenían además esa carga —y el nombre del departamento permite deducir que sí—, entonces el tiempo real disponible para cada hoja de comité no es de noventa y dos segundos, ni de setenta y cuatro. Es menos. Cuánto menos, solo el TSE puede decirlo. Pero la dirección es una sola: hacia abajo.
❝ La honestidad del método sostiene todo lo demás.
Los números que el TSE tiene y no publicó
Hay una cifra que los reportes del TSE muestran, y otra que esconden sin querer.
La que muestran son los adherentes aceptados: las adhesiones que pasaron el filtro de la depuración. Esos son los números que hemos venido usando. Pero antes de esa cifra hay otra, más grande: las hojas físicas que alguien presentó en la ventanilla, incluyendo todas las que el TSE rechazó por errores, duplicados o inconsistencias.
¿Cuántas fueron? El TSE no lo publicó. Y no por descuido: se lo pregunté de forma directa —es la pregunta 6, literal iii, de mi solicitud— y esa parte quedó sin respuesta.
Lo que sí se puede hacer es una estimación mínima, honesta y conservadora. Si aplicamos a todos los comités por igual una tasa de rechazo del veinte por ciento —la más baja que es razonable suponer, sin privilegiar a nadie—, el volumen bruto de hojas que entraron al sistema luce así:

Con ese supuesto conservador, el sistema completo habría recibido un mínimo de 249,309 hojas físicas para producir las 199,446 adhesiones aceptadas. Casi cincuenta mil hojas más de las que aparecen en los reportes finales.
❝ Esto es una estimación, no un dato oficial.
El número exacto lo tiene el TSE. La duda sobre cuántas hojas se presentaron, y cuántas se descartaron, no la genera quien pregunta. La genera quien tiene el dato y no lo publica.
El patrón que todos siguieron. Menos uno.
Hay una regularidad que cualquier organización que recluta gente termina viviendo. Al principio se adhieren los más entusiastas, los que ya estaban convencidos. Luego viene el grupo más amplio y más difícil. Y conforme se agota la base natural de simpatizantes, cada nueva adhesión cuesta más esfuerzo que la anterior.
Es una ley empírica de la movilización: la curva de crecimiento, tarde o temprano, se frena. No por mala gestión, sino por agotamiento natural del terreno. Cuando ya afiliaste a los tuyos, encontrar al siguiente es cada vez más caro.
Los datos del TSE confirman ese patrón en los comités que cruzaron el umbral. Veámoslos.

XGUATE pasó de 132 adhesiones por día hábil a prácticamente cero. Revolución, de 53 a 8. Chapín se mantuvo en un ritmo bajo y estable, alrededor de quince por día. Tres comités, tres formas de la misma historia: el crecimiento se frena al acercarse al techo.
Y aquí es donde alguien dirá, con razón: entonces el patrón es claro, ¿no? Sí. Es claro. En tres de los cuatro casos.
El cuarto es «Raíces». Su ritmo, medido por día hábil igual que en la primera taza, fue de 244 adhesiones diarias a 408, y luego a 808 — el máximo que cualquier comité del país haya registrado. Tramo tras tramo, cada vez más rápido. Sin una sola pausa, sin un solo período en que el ritmo bajara — exactamente lo contrario de lo que hicieron los otros tres.
Entre los comités analizados que cruzaron el umbral, «Raíces» es el único que aceleró en los cuatro tramos observados.
No digo por qué. No lo sé, y los datos tampoco lo dicen. Lo que muestran es el patrón: todos frenaron al acercarse al techo, salvo el que más rápido lo alcanzó. Eso es un hecho. Está en los reportes del propio Tribunal. La lectura es suya.
Doscientos veinticuatro días
La ley fija una meta concreta: un comité necesita reunir 28,083 adhesiones —el 0.30 % del padrón electoral— para poder solicitar su inscripción como partido. Cuatro de los comités analizados cruzaron esa línea. La pregunta natural es cuánto tardó cada uno en llegar, contando desde el día de su inscripción.

Chapín lo logró en 309 días. Revolución, en 330. XGUATE, que se inscribió más de un año antes que los demás, en 638.
«Raíces» lo hizo en 224 días.
Y el detalle que vuelve esa cifra notable es el calendario. Chapín y Revolución se inscribieron en febrero de 2025 — siete meses antes que «Raíces», que entró en octubre. Tuvieron más tiempo para construir estructura, formar promotores, llegar a los municipios. Y aun así, «Raíces» cruzó el umbral 85 días antes que Chapín y 106 días antes que Revolución.
Dicho en proporción de su propia vida legal: «Raíces» alcanzó la meta habiendo gastado apenas el 30.7 % de los dos años que la ley le concede. Los otros la alcanzaron entre el 42 % y el 45 %. Llegó más lejos, más rápido, con menos tiempo y empezando después.
Diecinueve preguntas. Y aquí es donde la taza se enfría.
Cuando los datos generan preguntas, el lugar para buscar respuestas es la institución que tiene la información. Por eso, antes de publicar la primera taza, le presenté al Tribunal Supremo Electoral una solicitud formal de información pública, amparada en la Constitución y en la Ley de Acceso a la Información Pública. Diecinueve preguntas concretas sobre el proceso de adhesión y depuración.
El TSE respondió. Contestó varias. Pero tres de las que de verdad importan para auditar el proceso no aparecen en su respuesta.

La pregunta 6-iii pedía el total de adherentes excluidos por cada comité, con las causas de exclusión. Es el dato que diría cuál fue la tasa real de rechazo de cada uno, y si fue pareja entre todos. Sin respuesta.
La pregunta 8 pedía las resoluciones administrativas del Director del Registro de Ciudadanos que documentan el cierre de cada proceso de depuración, tal como exige el artículo 60 de la Ley Electoral. Sin esas resoluciones, no queda constancia formal de que el proceso se cerró conforme a la norma. Sin respuesta.
La pregunta 17 pedía confirmar si las hojas se procesaron durante los períodos en que los sistemas electrónicos del TSE estuvieron suspendidos, y con qué mecanismos de respaldo. El período analizado coincide con caídas reportadas de los portales del Tribunal. Sin respuesta.
No son preguntas de relleno. Son, precisamente, las que cerrarían el análisis: las que dirían si las tasas de rechazo fueron consistentes, si los cierres quedaron formalizados, y si el sistema funcionó cuando debía. El dato existe. Está en los archivos del Tribunal. Fue pedido por la vía legal. Y no fue entregado.
La taza vacía
Repasemos lo que quedó servido sobre la mesa. Todo es verificable. Nada es opinión.
Dos comités que arrancaron empatados terminaron a una distancia de más de cuatro veces. Para alcanzar sus números, el más rápido necesitaba registrar a una persona cada tres minutos y veinticuatro segundos, ocho horas al día, todos los días. El equipo que debía revisar esas hojas eran seis personas, con noventa y dos segundos por adhesión aceptada en el tramo de mayor carga —setenta y cuatro si se cuentan las hojas rechazadas, y menos aún si esas mismas seis personas atendían también a los partidos inscritos—. El sistema completo habría recibido un mínimo estimado de 249,309 hojas físicas. De los cuatro comités que cruzaron el umbral, tres frenaron su ritmo al acercarse a la meta y uno aceleró hasta el final. Ese mismo comité llegó a la meta en 224 días, usando apenas el 30.7 % de su plazo legal. Y de diecinueve preguntas, el Tribunal dejó sin responder las tres que permitirían comprobar que el proceso funcionó.
Ninguna de esas frases dice «fraude». Ninguna dice «falsificación». No las voy a escribir, porque los números por sí solos no las sostienen, y porque el trabajo de este blog no es acusar: es contar, y contar bien.
Lo que los números sí sostienen es algo más modesto y más difícil de descartar: el sistema que debía verificar todo esto estuvo bajo una presión documentable, y el Tribunal no entregó la información que permitiría evaluar si esa presión se manejó bien.
El TSE tiene una función técnica que este blog no le disputa: a él, y solo a él, le corresponde verificar, depurar y dar fe de que un proceso de adhesión es válido. No le exijo que actúe de una forma u otra; no es mi competencia. Le pregunto algo mucho más sencillo, algo que cualquier ciudadano tiene derecho a preguntar: ¿cumplió sus propios procedimientos? ¿Y por qué, teniendo en sus archivos los datos que lo demostrarían, no los hizo públicos?
Un proceso limpio no le teme a una hoja de cálculo. Si las adhesiones de cada comité resisten cada una de las diecinueve preguntas, las respuestas que faltan solo confirmarían un proceso impecable. La transparencia no debilita a quien hizo las cosas bien: lo respalda.
Mientras esas respuestas no lleguen, queda una asimetría incómoda. Quien hace las preguntas trabajó con datos públicos, mostró cada cálculo y publicó su método. Quien tiene los datos completos —el árbitro electoral— mostró una parte y reservó el resto. Y en una democracia, el estándar de transparencia no debería ser más bajo para el árbitro que para el ciudadano que lo audita.
La democracia no se sostiene sobre confianza ciega. Se sostiene sobre trazabilidad verificable.
Yo ya serví el café y puse las cuentas sobre la mesa — todas, con su origen, replicables hasta el último decimal. Lo que corresponde al TSE es responder lo que la ciudadanía preguntó. Las preguntas siguen en pie.
La taza, por ahora, queda servida. Y a medio responder.
— Byron Castro | La Tacita de Plata · tacitadplatagt.com
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REFERENCIAS
Todos los documentos son públicos y provienen del Tribunal Supremo Electoral de Guatemala, salvo donde se indique otra fuente.
Reportes de adhesiones (TSE — Registro de Ciudadanos)
Reportes «Resumen Totales de Afiliados/Adherentes», 30 cortes entre enero de 2023 y el 22 de mayo de 2026, verificados visualmente contra las imágenes escaneadas de cada documento.
«Listado de Comités para la Constitución de Partidos Políticos», cortes de 2024, 2025 y 2026 — fechas de inscripción y vencimiento de cada comité.
Solicitud de información pública
Solicitud de Información Pública presentada al TSE, mayo de 2026. Oficio DOP-O-664-2026, Departamento de Organizaciones Políticas. Resolución 250-2026, Unidad de Información Pública del TSE.
Marco legal
Ley Electoral y de Partidos Políticos, Decreto 1-85 y sus reformas — requisitos de adhesión y umbral de inscripción. Ley de Acceso a la Información Pública, Decreto 57-2008 — principio de máxima publicidad. Código de Trabajo, Decreto 14-41 — jornada laboral y hora de almuerzo.
❝ Nota metodológica.

